"Ojos imperiales: Literatura de viajes y transculturación"

Acerca de la autora

Mary Louise Pratt es una erudita de reconocido renombre en el campo de la lingüística
y los estudios sobre el feminismo, la cultura y la teoría poscolonial en América Latina.
Nació en 1948, en Listowel, Canadá y fue allí donde se licenció en literatura y lenguas
modernas en la Universidad de Toronto en 1971. En 1975 obtuvo la maestría en
lingüística en la Universidad de Illinois y un doctorado en literatura comparada en la Universidad de Stanford. Comenzó su labor docente en Stanford en 1976 y se ha desempeñado como catedrática de literatura española y portuguesa, y literatura comparada desde 1989. Actualmente dirige el departamento de lengua española y portuguesa.
En 1990 fundó el Archivo Popular de la Mujer en la Universidad de Stanford, en la que tomó parte del Directorio Ejecutivo del Centro de Estudios Chicanos.
Frecuentemente pronuncia conferencias sobre temas afines, incluyendo sociolingüística y la transculturación.
La bibliografía de Mary Louise Pratt incluye a obras como Toward a Speech Act Theory of Literature Discour; Linguistics for Students of Literatur; Amor Brujo: The Image and Culture of Love in the Ande; Women, Culture and Politics in Latin America y Ojos Imperiales.

Acerca de "Ojos Imperiales"

El fragmento que me tocó leer a mí pertenece justamente a este último libro, uno de los más conocidos de la autora canadiense.
El objetivo de Mary Louise Pratt en este texto es, a partir de un basto estudio
de la más importante literatura de viajes y expediciones del siglo XIX y finales del
XVIII, explicar los procesos de expansión económica y política del continente europeo
y todo lo que éstos representaron en el ámbito social. Pratt propuso iniciar su estudio en 1735, año del lanzamiento de la primera gran expedición científica, y, basada en los
relatos de viajes de las diferentes figuras literarias del momento, reconstruir todo el
proceso de reinvención tanto de lugares geográficos, como del imaginario que
representaba. “Ojos Imperiales” es un ejemplo para ilustrar cómo por medio de relatos de viajes, es posible aproximarse a una secuencia de acontecimientos reales.
El libro recorre desde la llegada de los españoles hasta la incursión de los naturalistas en el siglo XIX. Es un proyecto extenso que busca dar cuenta de como América es nombrada en términos europeos.
Y es sobre este verbo, el de “nombrar”, sobre el que se centra Celia Guichal a la hora de referirse al texto. Al simple hecho de dar nombre a las cosas como un acto poco insignificante, un acto de alta importancia y violencia con efectos que se pueden ver hasta el día de hoy. La clasificación de los descubridores en sus navegaciones científicas. Al “nombrar”, como “ordenar”, como “clasificar”. Y al poder que tiene una simple palabra en la descripción del mundo, de “nosotros” y de “ellos”.
A lo largo de todo el texto Pratt usa al menos tres términos muy importantes a la hora de pensar las relaciones entre viajes, viajeros y representación de lo real. Estos tres conceptos engloban la totalidad del libro y es por eso que me parece oportuna su explicación en las líneas siguientes.
En primer lugar, aparece el término “zona de contacto”, que reemplaza al de “frontera colonial”. Mientras el segundo sólo puede ser pensado desde Europa -porque si es una frontera, es porque lo es desde esa región del mundo- la idea de “zona de contacto” implica pensar en un espacio de cruce entre sujetos antes separados, y que ahora se cruzan por circunstancias históricas. Esto implica pensar la relación entre colonizadores y colonizados, o entre viajeros y visitados, en tanto su copresencia, por lo general en situación de poder asimétricas.
El segundo concepto es el de “anticonquista”.
Dice Pratt: “Me refiero con esta palabra a la estrategia de representación por medio de las cuales los sujetos burgueses europeos tratan de declarar su inocencia en el mismo momento en que afirman la hegemonía europea.”
En este segundo caso, uno de los puntos trabajados por Pratt es el de los naturalistas que llegaron a fines del siglo XIX a América, y que, bajo un discurso sólo basado en la validez de sus teorías científicas, reservaron para Europa el derecho a clasificar y nombrar a muchas especies autóctonas de la región.
El tercer concepto es el de “autoetnografía”, y designa un hecho muy interesante para las ciencias sociales: que para pensarse en tanto subordinados, los nativos americanos usaron teorías que habían sido generadas… en los mismos países que los dominaban. O sea, que para autorepresentarse, acudían a las retóricas de sus dominadores. Este es un tema muy interesante, y desde ya sus potenciales posibilidades de análisis exceden el tema de la Conquista, o incluso el de los viajes.
El capítulo “Ciencia, conciencia planetaria, interiores”, fragmento que se me asignó para la lectura, parte desde 1735, año que marcó un punto clave en la historia europea. Aquí surge la publicación de “El sistema de la naturaleza” y el lanzamiento de la primera gran expedición científica de Europa.
A lo largo del capítulo la autora va reconstruyendo la historia, siempre teniendo en foco las escrituras, los ensayos que se lanzaron a lo largo de estos dos sucesos.
Plantea como estos escritos modificaron la “conciencia planetaria” de los europeos, la manera de ver a los demás y la manera de verse a ellos mismos insertos en el mundo.
Una clara demostración es la clasificación del homosapiens en distintas variedades: Hombre Salvaje, Americano, Europeo, Asiático y Africano. Una “naturalización” de la superioridad europea.
Lo interesante del capítulo es ver como la autora nunca deja de lado las escrituras que surgen a lo largo de la historia. Siempre que se propone narrar un determinado suceso histórico lo hace en referencia a los textos, a los ensayos de los descubridores.
Es por eso que me causo un gran interés la elección de la cita de Daniel Defou para comenzar el capítulo. Una cita que puede causarle una mala impresión a mas de uno al leerla pero que resume en gran parte el capitulo leído, planteando que uno “puede viajar por la tierra con los historiadores, por el mar con los navegantes. Puede dar la vuelta al mundo con Dampler y Rogers, y saber mil veces mas haciendo todo eso que lo que saben esos marineros analfabetos”

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