Plagio del verbo plagiar

Plagio, la real academia lo define como la “acción y efecto de plagiar”. Interesante, ¿no? No mucho la verdad. Cualquier persona normal y sensata iría de inmediato a buscar la palabra “plagiar” en el diccionario, y en un momento de sensatez es eso lo que hice. Plagiar, se define como “el acto de copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias.”. Interesante, ¿no? No. Porque la verdad es que en definitiva ya todos sabemos que es el llamado “plagio”. Ya todos tenemos en nuestra mente esa definición de diccionario que nos dice desde su trono la real academia. Y es raro, que siendo tan clara su teoría, sea tan confusa su llevada a práctica. Es raro que una definición que deja tan pocas dudas deje tantas en el mundo real. En la música, en la literatura, en los medios de comunicación, la palabra “plagio” es moneda corriente desde hace años y me atrevo a decir que lo será yendo por muchos más. Porque si tomamos como base esta concepción de “plagio”, “plagio” habrá siempre. Porque para el caso entonces cada autor que copió a Cortazar cada músico que utilizó notas de los Beatles debería estar preso. Iván Noble debería estar tras las rejas por su imitación a Jorge Dextler, y condenado a cadena perpetua por la similitud entre un video suyo y una película norteamericana. Y que decir de Mika entonces, si tenemos esta concepción de plagio este joven ingles tendría que haber sido llevado a la horca de instante. La música esta llena de estos ejemplos, como también la literatura y las pinturas. Porque el arte se construye del plagio. No del plagio como el hecho de tomar una idea ajena y seguido del punto final escribir mi nombre. Eso claramente es plagio y se debe tomar cartas en el asunto. Si no que las obras se construyen a partir del hecho de tomar partes de obras ajenas, estilos, ritmos. Porque a fin de cuentas hay solo dos maneras de tomar las cosas, o salir al instante al grito de plagio y exigir su condena en defensa del derecho de autor, o tomar a la obra no más que como un simple homenaje a Freddie Mercury, o Bob Marley, o John Lennon.
Los casos son innumerables, como también son innumerables las acusaciones.
Porque siempre va a haber plagios y porque siempre va a haber alguien detrás esperando a que ocurra para salir con el palo y la antorcha a defender el orgullo de autor.
Habría que empezar a tomar el plagio como algo mas natural, como un hecho que siempre pasó, pasa y pasará. Y habría que ponerse a pensar por un momento y entrar en conciencia que sin ese tan acusado “plagio” el arte que conocemos hoy en día no existiria.
Y es que no se puede condenar tan duramente como plagio al identificar similitudes entre dos obras. Porque vuelvo a repetir, en ese caso habría más de unos cuantos pintores demandados, la mitad de los escritores estarían presos y un 99 porciento de los músicos pagarían hasta el día de su muerte una cárcel perpetúa.

Y como dice la canción, Buenos Aires en llamas.

Este último mes la Universidad de Buenos Aires (UBA) tuvo un panorama bastante lejano al que debería presentar, un panorama que por mala suerte estamos acostumbrados hace bastante tiempo. Toma de facultades, paro docente, clases en la calle, fueron unas de las tantas palabras que reinaron el ambiente en estos últimos días.
Estas cuestiones pusieron de nuevo en escena el problema de la enseñanza pública en nuestro país. Y entre tantos cuestionamientos y reproches más de una vez he oído el conocido “los jóvenes no van a la UBA a estudiar” o “¿por qué en vez de cortar la calle no te vas a estudiar?” o muchos más “estudiar” en relación a “jóvenes politizados”.
Y no solo lo dice el tachero y el colectivero, lo dice mi vecino, mi tío, mi amigo.
Y es que en realidad no hay mucha vuelta al asunto, esos estudiantes que están en plena calle cortando el tráfico con sus bancos no deberían estar allí, deberían estar en la universidad, sentados en un aula. Y allí tiene razón el tachero, y mi tío y los demás. Pero no están allí por un “no quiero estudiar” (o por lo menos eso quiero creer), sino por una viga que le cayó a una joven en la facultad, y por un edificio único de Ciencias Sociales en condiciones, y por un salario digno para los profesores. Y en este caso es cierto que no tendrían que estar allí protestando, ni tomando las facultades. Tendrían que estar estudiando mientras otro se encarga de solucionar estos inconvenientes. Pero el hecho es que esa solución no existe hoy ni nunca ha existido, y los problemas estuvieron y están. Porque no se puede pretender que una de las universidades más renombradas de Latino América se encuentre en estas condiciones, con edificios que “se caen abajo” literalmente, con profesores en pésimas condiciones de pago y con un ambiente donde siempre fueron muchos los problemas y siempre nulas las soluciones. Siempre se dijo que los jóvenes son el futuro, y claro está. Pero, ¿qué futuro se puede esperar en un país donde la educación de estos jóvenes se encuentra entre paros y toma de facultades? ¿Qué futuro se puede construir en un lugar donde nunca hay respuestas a los reclamos y donde si hay una respuesta es “por favor detengan el paro”? La educación pública está en crisis y de eso no quedan dudas. Y eso es algo que jamás se puede permitir. No se puede tolerar que la Universidad de Buenos Aires, universidad caracterizada siempre por su excelencia, se encuentre en estas condiciones.
Y me causa gracia realmente cuando escucho que su problema recae en su carácter “gratuito”, y se plantea como posible solución el cobro de un arancel.
Porque es ese carácter “gratuito” el que permite justamente que sea una fuente de estudio “al alcance de todos”. Pero obviamente esto no es totalmente cierto, porque partiendo desde la base, “gratuita” la UBA no es. Porque será gratuita su cuota mensual, pero no lo es su cursada en general. Sus bibliografías necesarias jamás se han presentado gratuitas, y monto general a fin de mes es un número que no “todos” pueden costear.
Y si a esto encima le sumamos que las exigencias que requieren sus materias no son un esfuerzo que realmente “todos” puedan dar, entonces habremos acotado ese “todos” a un numero menor al imaginado. Porque la situación socio-económica en que se encuentra nuestro país hace que ese “todos” se vea cada año mas reducido, porque la realidad es que hay sectores que no pueden llevar a cabo la totalidad de una carrera en la UBA.
Ahora bien, ¿qué pasaría si encima de esto se comenzara a cobrar un arancel?
La respuesta ya es obvia, sin duda alguna ese “todos” será aun más pequeño que hoy en día, esa desigualdad entre sectores altos y bajos será cada vez mayor.
El panorama de la UBA es sin duda un fuego a apagar de inmediato. Y la solución no se encuentra en otro lado sino en las autoridades de la ciudad. La redistribución de los ingresos debe presentar un cambio de manera urgente, porque sabemos que este fuego no se va a apagar con una leve llovizna, sabemos que este fuego se ira incrementando cada vez más hasta convertirse en un incendio imposible de apagar. Y vuelvo a repetir, la situación actual Universidad de Buenos Aires es un problema que no puede permitirse hoy ni jamás, es una crisis que pide atención inmediata, un fuego que necesita de urgencia un baldazo de agua fría, que nunca logrará eliminar las cenizas del pasado pero que sí logre aliviar el presente y permitir un mejor futuro.

"Ojos imperiales: Literatura de viajes y transculturación"

Acerca de la autora

Mary Louise Pratt es una erudita de reconocido renombre en el campo de la lingüística
y los estudios sobre el feminismo, la cultura y la teoría poscolonial en América Latina.
Nació en 1948, en Listowel, Canadá y fue allí donde se licenció en literatura y lenguas
modernas en la Universidad de Toronto en 1971. En 1975 obtuvo la maestría en
lingüística en la Universidad de Illinois y un doctorado en literatura comparada en la Universidad de Stanford. Comenzó su labor docente en Stanford en 1976 y se ha desempeñado como catedrática de literatura española y portuguesa, y literatura comparada desde 1989. Actualmente dirige el departamento de lengua española y portuguesa.
En 1990 fundó el Archivo Popular de la Mujer en la Universidad de Stanford, en la que tomó parte del Directorio Ejecutivo del Centro de Estudios Chicanos.
Frecuentemente pronuncia conferencias sobre temas afines, incluyendo sociolingüística y la transculturación.
La bibliografía de Mary Louise Pratt incluye a obras como Toward a Speech Act Theory of Literature Discour; Linguistics for Students of Literatur; Amor Brujo: The Image and Culture of Love in the Ande; Women, Culture and Politics in Latin America y Ojos Imperiales.

Acerca de "Ojos Imperiales"

El fragmento que me tocó leer a mí pertenece justamente a este último libro, uno de los más conocidos de la autora canadiense.
El objetivo de Mary Louise Pratt en este texto es, a partir de un basto estudio
de la más importante literatura de viajes y expediciones del siglo XIX y finales del
XVIII, explicar los procesos de expansión económica y política del continente europeo
y todo lo que éstos representaron en el ámbito social. Pratt propuso iniciar su estudio en 1735, año del lanzamiento de la primera gran expedición científica, y, basada en los
relatos de viajes de las diferentes figuras literarias del momento, reconstruir todo el
proceso de reinvención tanto de lugares geográficos, como del imaginario que
representaba. “Ojos Imperiales” es un ejemplo para ilustrar cómo por medio de relatos de viajes, es posible aproximarse a una secuencia de acontecimientos reales.
El libro recorre desde la llegada de los españoles hasta la incursión de los naturalistas en el siglo XIX. Es un proyecto extenso que busca dar cuenta de como América es nombrada en términos europeos.
Y es sobre este verbo, el de “nombrar”, sobre el que se centra Celia Guichal a la hora de referirse al texto. Al simple hecho de dar nombre a las cosas como un acto poco insignificante, un acto de alta importancia y violencia con efectos que se pueden ver hasta el día de hoy. La clasificación de los descubridores en sus navegaciones científicas. Al “nombrar”, como “ordenar”, como “clasificar”. Y al poder que tiene una simple palabra en la descripción del mundo, de “nosotros” y de “ellos”.
A lo largo de todo el texto Pratt usa al menos tres términos muy importantes a la hora de pensar las relaciones entre viajes, viajeros y representación de lo real. Estos tres conceptos engloban la totalidad del libro y es por eso que me parece oportuna su explicación en las líneas siguientes.
En primer lugar, aparece el término “zona de contacto”, que reemplaza al de “frontera colonial”. Mientras el segundo sólo puede ser pensado desde Europa -porque si es una frontera, es porque lo es desde esa región del mundo- la idea de “zona de contacto” implica pensar en un espacio de cruce entre sujetos antes separados, y que ahora se cruzan por circunstancias históricas. Esto implica pensar la relación entre colonizadores y colonizados, o entre viajeros y visitados, en tanto su copresencia, por lo general en situación de poder asimétricas.
El segundo concepto es el de “anticonquista”.
Dice Pratt: “Me refiero con esta palabra a la estrategia de representación por medio de las cuales los sujetos burgueses europeos tratan de declarar su inocencia en el mismo momento en que afirman la hegemonía europea.”
En este segundo caso, uno de los puntos trabajados por Pratt es el de los naturalistas que llegaron a fines del siglo XIX a América, y que, bajo un discurso sólo basado en la validez de sus teorías científicas, reservaron para Europa el derecho a clasificar y nombrar a muchas especies autóctonas de la región.
El tercer concepto es el de “autoetnografía”, y designa un hecho muy interesante para las ciencias sociales: que para pensarse en tanto subordinados, los nativos americanos usaron teorías que habían sido generadas… en los mismos países que los dominaban. O sea, que para autorepresentarse, acudían a las retóricas de sus dominadores. Este es un tema muy interesante, y desde ya sus potenciales posibilidades de análisis exceden el tema de la Conquista, o incluso el de los viajes.
El capítulo “Ciencia, conciencia planetaria, interiores”, fragmento que se me asignó para la lectura, parte desde 1735, año que marcó un punto clave en la historia europea. Aquí surge la publicación de “El sistema de la naturaleza” y el lanzamiento de la primera gran expedición científica de Europa.
A lo largo del capítulo la autora va reconstruyendo la historia, siempre teniendo en foco las escrituras, los ensayos que se lanzaron a lo largo de estos dos sucesos.
Plantea como estos escritos modificaron la “conciencia planetaria” de los europeos, la manera de ver a los demás y la manera de verse a ellos mismos insertos en el mundo.
Una clara demostración es la clasificación del homosapiens en distintas variedades: Hombre Salvaje, Americano, Europeo, Asiático y Africano. Una “naturalización” de la superioridad europea.
Lo interesante del capítulo es ver como la autora nunca deja de lado las escrituras que surgen a lo largo de la historia. Siempre que se propone narrar un determinado suceso histórico lo hace en referencia a los textos, a los ensayos de los descubridores.
Es por eso que me causo un gran interés la elección de la cita de Daniel Defou para comenzar el capítulo. Una cita que puede causarle una mala impresión a mas de uno al leerla pero que resume en gran parte el capitulo leído, planteando que uno “puede viajar por la tierra con los historiadores, por el mar con los navegantes. Puede dar la vuelta al mundo con Dampler y Rogers, y saber mil veces mas haciendo todo eso que lo que saben esos marineros analfabetos”

Lluvia

Mojada, como todos los días, se despierta la señora Bermúdez. Se levanta, como todos los días, sin saber que este lunes no va a ser como todos los lunes, este lunes va a ser distinto.
Nervioso, como todos los lunes, busco la llave entre las verduras. Cierro la boca, y abro la puerta, una nube de polvo empaña mis anteojos. Los limpio con mi pañuelo verde, como todos los lunes, y veo una araña pequeña descender hacia mi nariz. Como todos los lunes cierro la puerta con fuerza, y como todos los lunes, veo un pedazo de ella caer al suelo. Lo arrastro con mi pie derecho hacia un costado, y lo dejo allí, amontonado, junto a todos los demás. Cruzo el comedor, con la cabeza gacha, procurando no tocar nada, procurando no pisar nada de esas cosas que tanto miedo me provocan. Llego al pasillo, doy un paso, dos, tres, y siento un terrible dolor en el talón izquierdo. Me doy vuelta y allí está él, con sus ojos amarillos, sus dientes sucios y su cuerpo lleno de polvo. Se queda allí sentado, mirándome, a la espera de algún movimiento. Rápido, introduzco mi mano izquierda en la bolsa, pero más rápido se lanza él hacia ella, y la dejo caer al piso. Otra vez, como todos los lunes, perdí los tomates. Sigo mi camino, recorro el pasillo, paso una, dos, tres habitaciones. Y allí está, cuarta puerta a la derecha. Me paro frente a ella, ya siento el humo rozando mis pies, ya veo la luz escapándose por las grietas de la madera. Agarro la manija con fuerza, y la giro hacia la izquierda. Empujo con mi hombro la puerta, y allí la veo a ella, entre el humo, entre la niebla. Tranquila, serena, recostada y con los pies para afuera. De fondo suena Frank Sinatra, no sé bien cuál tema, uno de esos que todos conocen. Despacio, apoyo las bolsas en el suelo, y me acerco a ella. Me siento en el borde, tomo su brazo, y acaricio su mano fría. Cuánta calma hay en su rostro.

“Pensé que ya no venías”, me dijo la señora Bermúdez sin abrir sus ojos.
“¿Alguna vez no vine?”, contesté mientras veía cómo los abría de a poco.
“No, ya se, pero...”

No hay palabras, no hay razones para dudar de mi llegada. Entonces deja la duda atrás, endereza la espalda y me pide que le cebe el primer mate.
Me pregunta qué novedades tengo, le cuento de la graduación de mi nieto, del nuevo trabajo de mi hijo y del fallecimiento de Carlitos, un amigo en común.
Traumada, me pide que le alcance una galleta, y más traumada aún, me pide que le explique por qué había traído esos “horribles bizcochos de grasa” en vez de las galletas de siempre. Serenamente, le explico que las busqué por todos los negocios del barrio, pero que en todos obtuve la misma respuesta.

“¿Cómo que las sacaron del mercado? ¿Después de 60 años deciden un día no fabricar más? ¡¿Así porque sí?!”
“Así porque sí señora, así porque sí.”

Unos minutos más tarde, luego de aceptar la pérdida de sus galletas, y de preguntarme de vuelta quién había fallecido, y aceptar su pérdida también, me pide que le suba la radio, que estaban pasando un tema que le gustaba.
Mientras suena de fondo FM 90, “La radio de los clásicos”, le pregunto qué novedades tiene ella. Me dice que me calle, que aquí viene la mejor parte. Una vez terminado el estribillo, ahí sí, me mira a los ojos y me pide que le repita la pregunta, que no había escuchado.

“Nada, falleció Carlitos, ascendieron a tu hijo y me trajeron las galletas más feas que he probado en mi vida”

Siempre el mismo chiste. Pero también siempre la misma sonrisa. Y es por eso que me río, porque la veo feliz. Y es por esa sonrisa por la que vengo todos los lunes, sin falta, exactamente a las dos de la tarde. Todos los lunes, ella me dice lo joven que estoy, y yo le digo lo feliz que se la ve. Todos los lunes abro la puerta, apoyo las bolsas en el piso y preparo el primer mate. Le paso las galletas y ella me pregunta si me acuerdo, de esos días. Yo le digo que sí, que imposible olvidarlos.
Imposible no recordar esos días de lluvia que nos escapábamos del colegio y nos íbamos al parque. Imposible no recordar las horas y horas que nos pasábamos bailando y gritando bajo la lluvia. Terminábamos los dos empapados, con la sonrisa de oreja a oreja, deseando que ese momento no se termine jamás.
Pero esos momentos terminaron, el día que ella no vino más al colegio.
No vino uno, dos, tres y al cuarto día decidí ir a buscarla. Pensé que se había enfermado, raro en ella, pero a una fiebre no le escapa nadie. Corrí a su casa, pasé el parque, el kiosco, la panadería, y en el árbol caído doblé a la izquierda. Llegué a la puerta con timbre celeste, como ella siempre me había contado, toqué una vez, y nadie respondió, toqué de vuelta, y nada.
Me preocupé, sí, se debe estar bañando me dije. Al rato intente de vuelta, esta vez con más fuerza, pero nadie contestó. Cansado, me senté en la vereda. Esperé una, dos, tres horas, y a la cuarta un auto estacionó frente a mí. Era la madre de la señora Bermúdez, bueno, la madre de mi señora Bermúdez. De la otra puerta se bajó un hombre con delantal blanco y anteojos, llevando un maletín bajo su brazo. Me asusté, sí, que yo recuerde en todos esos años jamás se había enfermado la señora Bermúdez.

“¿Esta muy grave señora?”, le pregunté mientras cruzaba mis dedos por detrás de la espalda.
“No lo sé, no lo sé”, me contestó la madre mientras buscaba la llave entre las bolsas de supermercado.

Me invitó a pasar a la casa, muy linda por cierto, siempre me la había imaginado más fea, no sé por qué. Me dijo que me sentara en el sillón, y me senté. Luego me trajo una chocolatada y unas galletitas de vainilla, de esas que nos daban siempre en la colonia.
Agradecí por la merienda, y le pregunte en voz baja si faltaba mucho para que vea a la señora Bermúdez. Me dijo que espere, y esperé. Esperé uno, dos, tres y a los cuatro minutos me preocupé. A los diez me inquieté. Y a los veinte, bueno, a los veinte me paré y comencé a caminar por el pasillo. A los treinta se abrió la puerta del baño, salió primero el médico, y luego la madre de la señora Bermúdez. La madre acompañó al señor hasta la sala, le agradeció por todo y cerró la puerta ni bien salió. Y se quedó parada, allí, frente a la ventana que da a la calle, mirando cómo pasan los autos y las bicicletas.
Me recordó a cuando vivía con mi abuela, a unos cuantos kilómetros de acá. A cuando en esos días tristes de cielo raso, me paraba frente a la ventana de la sala, y me quedaba paradito, justo allí, mirando como pasaban los autos por la puerta de la casa.
La madre de la señora Bermúdez estaba triste, y de eso no me quedaban dudas, y es por eso que me preocupé más aún. Nervioso, me acerqué a la madre, y como no queriendo interrumpir su momento, le pregunté en voz baja si podía pasar a verla. Me dijo que sí, que pasara, que me estaba esperando. Entonces corrí hacia el pasillo. Pase una, dos, tres habitaciones. Y allí estaba, cuarta puerta a la derecha. La abrí con fuerza y ahí la encontré, a la señora Bermúdez, parada bajo la ducha, empapada. De fondo sonaba su radio favorita, FM 90, “La radio de los hits”.

“Pensé que estabas enferma...”, le dije mientras miraba cómo caía el agua por su remera.
“¿Enferma yo? Estoy mejor que nunca”, me dijo justo antes de escurrir su pelo.

Luego me dijo que pasara, que vaya a bailar con ella bajo la lluvia, cómo el otro día.
Obviamente le dije que no, que primero eso no era lluvia y que segundo no me parecía apropiado. Y obviamente a ella no le importó, y con un momento de fuerza me agarró del brazo y me arrastró hacia la bañera, haciéndome caer en ella.
Una hora más tarde me encontraba yo, parado en la puerta de su casa, pidiéndole a la madre disculpas por haber mojado el pasillo, y la alfombra, y el gato.
Y es desde ese día que la señora Bermúdez no vino más al colegio. Desde ese día que ella decidió quedarse bajo la ducha y no salir. Como queriendo recordar esa tarde del otro día, en donde corrimos y sonreímos bajo la lluvia como nunca antes, como queriendo seguir, como queriendo congelar ese momento de felicidad por siempre. Y es desde ese día que la vengo a visitar todos los lunes sin falta para volver a ver esa sonrisa de oreja a oreja. Todos los lunes, corro a su casa, paso el parque, el kiosco, la panadería, y en el árbol caído doblo a la izquierda. Llego a la puerta con timbre celeste, antes lo tocaba, ahora ya no. Ahora abro la puerta con fuerza, y me dirijo directo hacia el baño. Llego, apoyo las bolsas en el piso, la saludo y le cebo el primer mate. Y todos los lunes, al anochecer, saludo a la señora Bermúdez y me retiro camino a casa. Abro la puerta del baño, y ella me pregunta: “¿No te querés quedar?”. Y yo le respondo: “No, gracias, nos vemos el lunes que viene”.
Pero este lunes del que les hablo es distinto. Ella me preguntó si me quería quedar, y yo le respondí que sí. No me pregunten por qué este lunes le respondí eso porque no lo sé, simplemente me salió decir que sí, y lo dije. Sorprendidos, nos miramos ante mi respuesta, luego de sesenta años que la vengo a visitar, luego de preguntarme 2880 veces lo mismo y decirle que no, esta vez dije lo contrario. Nos miramos, nos reímos.
Porque los dos estábamos felices, los dos queríamos quedarnos un rato más juntos. Y tuvieron que pasar unos minutos nomás para que estemos los dos, con los cuerpos mojados y arrugados, cantando y bailando bajo la ducha. Que no es una ducha, es lluvia. Es la lluvia de esos días que nos escapábamos del colegio, es la lluvia que caía sobre el parque, la que nos provocaba ganas de correr, de gritar. La que hacía que terminemos empapados, con la sonrisa de oreja a oreja, como la sonrisa que tenemos ahora, llenos de felicidad, deseando congelar este momento, para que no se termine jamás.

los muchachos del parque rivadavia


(Chareca+Astesiano)



Lunes, 15 hs, Parque Rivadavia.


En el fondo del parque Rivadavia, allí cerca de la calesita, se encuentran alrededor de 20 hombres entre 60 y 80 años. En este sector se hayan 3 mesas, en la primera se juega a la canasta, en la segunda al domino y en la tercera… nosotros.

“Estas hecho mierda eh”, bromean entre ellos. El tema es que para el caso, todos estaban “hechos mierda”. Cada dos palabras, un tosido. Así era la dinámica de las charlas.

- Como perdieron (cof, cof) con San Lorenzo.

- Pero cállate (cof, cof), pecho frió.

Luego logramos ver otro factor intervenía y cambiaba el ritmo de las conversaciones: ya no solamente era palabra-tosido, palabra-tosido, ahora, pasaba a ser palabra-tosido-escupida, palabra-tosido-escupida.

Entonces, entre palabras, tosidos y escupidas, los señores con su camisa, boina y pantalón hasta el ombligo, jugaban y jugaban al domino y a la canasta.

Deportes aburridos si los hay diría usted. En realidad, ¿quién podría llamarlos deportes, no? Pero para estos viejitos, el domino por ejemplo, era un juego apasionante donde no se puede dar un paso errado porque recibís el grito de tu compañero y de todos los que están mirando. Y esto es interesante remarcar, como bien dijimos, había no menos de 20 personas en esas 2 mesas, mientras solamente juegan 4 en cada una de ellas. ¿Que hacen los demás entonces? Observan el encuentro. Del mismo modo que la gente ve un partido de fútbol, aquí, 15 viejitos ven como sus compañeros juegan al domino. Como también ocurre en el fútbol, cada uno de los espectadores opina sobre las jugadas hechas, como si ellos supieran exactamente la jugada que hay q hacer para ganar el partido. Y entonces, se escucha:


- “Tenias que poner Pito che”

- “Como no te diste cuenta”

Críticas van, críticas vienen, los muchachos se entretienen como diría la canción. Y así es. El compañero se lo hecha en cara y los de afuera avalan con un “tiene razón José, te equivocaste”. Responde con silencio el culpable que no puso “pito” e hizo perder el partido. Entonces ahí se levantan y entran otros 2, a competir contra los ganadores. El Parque Rivadavia dejó de ser un mero centro recreativo de barrio, para convertirse en “Sede oficial del Torneo de Juegos de Mesa”.

Así transcurre toda la tarde. Juegan al domino, tosen, charlan, escupen, toman café. Toman café, y es aquí otro elemento interesante a señalar. Entre medio de la mesa de canasta y de domino se encuentra parado un carrito de café toda la tarde. ¿Donde esta el cafetero? Sentando con los viejitos. Charlando, tosiendo, discutiendo, escupiendo, sirviendo café de vez en cuando y como no podía ser de otra manera, opinando.

De vez en cuando alguno de los viejitos se va, dice adiós y se marcha ante un “quédate que te damos la revancha che”. Pero no se va a su casa, no señor. Se dirige a las mesas del otro lado de los puestos, donde gente mas joven (40, 50 años) juegan al domino, ajedrez y truco. Entonces algunos van, se quedan mirando como juegan, en algún caso se suman a jugar, y luego vuelven a su antigua mesa.

Pasando los minutos cada vez hay mas gente en las mesas, cada 2 minutos cae otro señor más (“¿Qué haces Enrique?”), se suma a la multitud a mirar el partido, y una vez adentro se propone para entrar a jugar luego con un compañero, como un “hay equipo” en las canchitas de barrio. Van y vienen, mas vienen que van, así toda la tarde. Y las que también van y vienen constantemente son las chicas. Las chicas de su edad pasan completamente desapercibidas, pero las chicas jóvenes… “¡qué chicas!” diría más de uno, levantando la mirada para apreciar las esbeltas figuras. Cada vez que una joven se cruza por delante de ellos los de afuera se rompen el cuello para observar como se va. No puede faltar un leve silbido, o una pequeña broma al respecto, pero el caso es que terminan con los ojos caídos y la boca casi abierta ante cada paso veloz de una joven. Esto cabe para los de afuera, los cuatro que están jugando… ni enterados. Concentrados en su juego, pensando la próxima jugada, se mantienen con la cabeza gacha mirando como se arman las fichas sobre la manta naranja. Y no sólo las mujeres pasan a su alrededor: hombres en traje, chicos corriendo o en bicicleta, los colectivos de fondo, y nada. Ellos nadan. Ni se enteran de la realidad que los rodea. Encerrados en sus tableros y metidos en sus partidos, pareciera que el mundo se redujera a ese partido de dominó que están llevando a cabo. Ni bosinazos, ni bebés llorando, ni gritos ni nada, tan sólo:

-“¡Doblate al 5”

- “5 y 4…y bueno queda el 5 y 5”

Así son “Los Muchachos del Parque Rivadavia”. Un grupo simple. Con códigos propios como todo grupo, con cosas que se permiten, con cosas que no, con gente que viene siempre y con gente que no viene casi nunca. Con sus tosidos, con sus bromas, con sus escupitajos, con sus chicas, con su canasta y su domino, juegos preciados que son a la vez medio y fin para estar entre amigos, tomar un café, toser, bromear, escupir y pasar un buen rato juntos.

Pavese Pa Mí

la mirada de un niño

pasan los años

y sigue mirando igual

la misma mirada

los mismos ojos

.

su primo mayor

su mayor admiración

parte

parte hacia un destino incierto

.

el niño

mira como se aleja

con admiración

con los ojos llenos

.

la guerra termina

su primo regresa

con los bolsillos llenos

y la piel morena

vestido de blanco

.

el niño

ya ahora grande

mira a su primo

gigante

con los mismos ojos que miraban antes

a ese primo mayor

que un día se fue

y un día volvió

.

otros tiempos

mismos ojos

igual admiración

alli yace lo bello

en Los mares del sur

de Pavese

.

iurop

iurop 08, 16 dias, 7 ciudades, 4 acompañantes, 1 par de zapatillas.

Roma, 4 días, una boina.




Finalmente compruebo lo que siempre pensaba, los italianos son argentinos que hablan para el orto (comentario 100% argento). No hay mucha ciencia, es así. Tenemos la misma sangre. Calle angosta, moto pequeña, auto diminuto, construcciones inmensas.
Roma es el padrino, es los sopranos, es todo eso que siempre disfrute. No traje toalla, ni ojotas, ni otro par de zapatillas, pero si traje la boina, para sacarla en la Italia, y parlare en italiano, ¿capisce?
Por cierto, no se que pasa con las palomas aca en europa, pero se comportan extraño...


Florencia, 2 días, un miembro, 2 testículos.




Simplemente bella. Florencia es eso en definitiva, una muy bella ciudad. No es Roma por supuesto, pero tiene su peculiar encanto. Un señor desnudo te persigue por todas las calles, si allá en cada escuela hay un San Martín, acá en cada esquina hay un David.
“Mira que cola, que piernas, que todo”…. El hombre perfecto para la señorita que se encuentra a mi lado. “Pfff, mira entre las piernas, mucho perfecto, mucho perfecto, pero le falta un poco mas de piedra por ahí”… a mi otro lado, un hombre, argentino tenia que ser.



Venecia, ½ día, un paraguas.




Si realmente me parece bellísima Venecia con este día, ni me imagino como debe lucir sin los litros de agua que caen sobre la ciudad. Una tarde, no mas, para conocer Venecia. La ciudad del carnaval, de los canales, de las góndolas. Medio dia para caminar por esta ciudad, caminar, nada de museos, ni otras cosas. Simplemente caminar con paragua en una mano (en mano de mi amiga ya que tenemos 2 paraguas para los 5) y helado en la otra, que por cierto no tiene nada que envidiarle al argentino. (comentario100% argento)
Muy lindo todo, pero sin duda lo que más me llama la atención en Italia es una sola cosa: las palomas. No se bien que pasa acá, pero las palomas es algo que me no me deja dormir. Es extraño. En argentina las palomas al solo sentir la proximidad de un humano salen asustadas y emprenden vuelo. Aquí no solo las palomas no les temen a los humanos, sino que los atacan. Italia sin duda esta dominada por las palomas, y la plaza San Marco es de alguna manera su base.



Paris, 5 días, una heladera.






Le ciudad del amour, le torre eifel, le romantisism. Y si, eso es Paris.
Hermosa ciudad, hermosas construcciones, hermosas mujeres. Todo eso es cierto.
“En Francia si les hablas en ingles ni te contestan, es mas, te putean” Falso. Obviamente te contestan, no les queda otra, la cantidad de turistas que hay es imponente y si les preguntas algo te contestan, si. Así que basta con ese mito.
“Los franceses son mas fríos que una heladera” Y si. Yo lo veo así. Es muy fácil y peligroso entrar en la generalización, pero me animo a decir que si, por lo menos los parisinos.
¿Fríos? Si.
¿Maleducados? La mayoría
¿Las palomas? Siguen con igual comportamiento que en Italia, este fenómeno ya es preocupante.





Ámsterdam, 2 dias, un milagro.





Ámsterdam es sin duda una ciudad de otro mundo.
Lo primero que se ve al pisar la ciudad es “a la pelota, que cantidad de bicicletas”.
Y si, miles de bicicletas circulando por las calles. Es interesante ver la particular distribución de los carriles en Ámsterdam. En la misma calle circulan: autos, colectivos, bicicletas, tranvías y peatones. Las bicicletas ocupan casi la mitad, y la otra mitas es dividida entre los demás. Es decir, un quibombo. En estos 2 días casi muero atropellado 4 veces: una por un colectivo, otra por un tranvía, otra por una bicicleta y una ultima por todos estos juntos al mismo instante.
Las palomas poco y nada aparecen aquí en Ámsterdam, no se si es que realmente no hay, o están todas escondidas en los Cofee Shop.




Barcelona y Madrid, 3 dias, un gracias y adiós.




“Lo que lo hace diferente es la gente”, tantas veces se a usado esta frase, y creo que no podría estar mejor usada al describir estas ciudades españolas. Son bellísimas, si. Pero la gente es sin duda lo que las hace más bellas aun. No se si serán las personas mas amables del mundo, pero sin duda son las mas amables que he conocido en todo el viaje. Una simple duda sobre un destino, es fácilmente convertido en una charla de veinte minutos, en donde una señora te explica que línea te conviene tomar, donde bajarse, a que lugares ir por allí e infinitas recomendaciones turísticas de la ciudad.
La señorita puede llegar a convertirse en un poco densa, si, seguro. Persiguiéndote 3 cuadras agregándote recomendaciones puede ser denso, pero no se puede castigar su exceso de amabilidad, hay que agradecérsela y despedirse amablemente con un “bueno señora, gracias por todo. Adiós.”
Pero lo más importante de la estadía en España no fue la aparición de estas amables personas, sino la de las palomas. Así es, las palomas volvieron a aparecer y con su comportamiento europeo. Atrevidas, violentas, en masa.
Terminado el viaje me vuelvo a mi tierra con 2 sensaciones: por un lado una satisfacción de haber conocido estas bellas ciudades, por el otro miedo, miedo e incertidumbre sobre el futuro de la raza humana. ¿Este comportamiento de las palomas europeas será transmitido al resto del mundo? ¿Existirá una rebelión de las palomas? ¿Serán ellas las que dentro de unas décadas dominen el planeta?

Rio Arriba



Ulises de la Orden (director y protagonista) toma una cámara, una mochila y emprende un viaje al norte.

Rio Arriba es en definitiva eso, un viaje. Un simple viaje, donde el director se propone explorar su historia familiar, y es allí, donde a mi parecer yace el aspecto más interesante que propone el film. La película no se destaca ni por su narración a lo “copia barata de Gastón Pauls”, ni por sus diálogos guionados y sobreactuados con los Kollas, y menos aun por los imponentes paisajes, a su vez acompañados por la música de Ricardo Vilca. El argumento más interesante que propone la película es la mirada desde donde es narrada la historia. La visión del film, surge de la mirada del protagonista, descendiente de inmigrantes, inmigrantes responsables de la actual situación de la comunidad de Iruya. Un Iruya que ve se como se fue poco a poco destruyendo su cultura milenaria, donde sus habitantes fueron obligados a trabajar en la zafra, dejando sus tierras al abandono y a la inminente destrucción.

Y es entre esos inmigrantes, en los que se encontraba su bisabuelo, el cual en su época fue un importante explotador de un ingenio azucarero. Es sin duda este aspecto la base del film. Ulises, recorriendo el norte argentino, buscando testimonios de los Koyas, tratando de reconstruir la historia y darla a conocer, intentando, de algún modo, remediar parte del daño que causaron sus antepasados.


Rio Arriba (basado en las preguntas)



En el film Rio Arriba, su director, Ulises De La Orden, se propone emprender un viaje hacia el norte argentino, mas específicamente hacia Iruya, un viaje que posee, como muchos otros, motivos característicos de viajes.

En principio lo que se puede ver es el objetivo de conocer a la otra cultura, de establecer entre este choques de culturas. En “Rio Arriba” Ulises convive vario tiempo en el norte argentino, nutriéndose de la cultura Koya, de sus costumbres, de sus problemas y de sus dichas. El viajero se ve abierto a nuevas experiencias, a descubrir a fondo esa cultura para el nueva, en fin a realizar un intenso trabajo de campo en el cual es muy difícil no entrelazar emociones, sensaciones surgidas de uno.

Todo viaje, toda experiencia con la otra cultura es luego convertida en un relato, al volver uno a su tierra y hacer un recuento del viaje, poniendo acento en donde uno le parece importante y dejando de lado elementos que no cree necesario contar en su construcción del relato. Todo viaje en fin tiene este motivo, este destino. Narrarle a los demás este viaje tan fuertemente emocional para uno, tratando de transigir esa sensación y asombro que sintió uno meses antes.

El narrador del relato es justamente el protagonista del viaje, Ulises. Lo interesante de este narrador es el motivo por el cual emprende el viaje. El se propone descubrir la cultura Koya, una cultura que se vio gravemente dañada por los inmigrantes azucareros, los cuales los obligaron a trabajar en sus zafras. Ahora bien, lo más trascendente en esta narración es que Ulises es descendiente de inmigrantes y su bisabuelo era dueño de una importante azucarera. Entonces durante la narración de este viaje Ulises intenta cumplir 2 objetivos: por un lado descubrir esta cultura Koya, dar cuenta de la vida presente y pasada de los habitantes de Iruya; y por otro lado, tratar de algún modo de remediar esto que años atrás causo su bisabuelo, esta deteriorizacion de la cultura milenaria, los desastres naturales ocasionados por la destrucción de las terrazas, marcas que seguramente sen imposible de borrar.

Al destinatario que se dirige Ulises es justamente al que no posee esta información. Al individuo que no esta enterado de la situación que atravesaron y que aun atraviesan los Koyas. El narrador quiere de algún modo “abrirle los ojos” a estos destinatarios mostrándoles toda esta información que el pudo recopilar a lo largo de estos meses de trabajo en Iruya. Quiere mostrarles sus penurias, pero a la vez sus bellezas. Su simpleza, su unión, su soliradidad. Muestra sus rituales milenarios que aun sobreviven, sus tradiciones Koyas que no fueron destruidas como si fueron muchas otras cosas de su cultura.

Ulises encarna en este viaje el papel del “héroe mítico”, descripto el autor Joseph Campbell. Este héroe que parte de su tierra natal y se dirige a su destino, en busca de aventuras. En este viaje emprendido el héroe se enfrenta a diversas fuerzas las cuales debe enfrentar para seguir de largo, son obstáculos que el aventurero debe esquivar. En el film la fuerza mayor a la que se enfrenta Ulises es sin duda su origen porteño. Su llegada a una cultura desconocida, totalmente distinta a la suya, su llegada a una tierra donde será tildado de entrada como un “porteñito de la ciudad” y donde esta en el dar otra impresión. También se podría decir que otras fuerzas a las que se enfrenta el protagonista son las limitaciones de transporte, y el cansancio en ese clima distinto al suyo. Pero a decir verdad, me es difícil creer realmente que esta haciendo dedo en medio de la ruta, o que se pasa 2 horas caminando con una mochila al hombro bajo el sol mientras una cámara desde el cielo lo filma. El dinero que maneja el film evitaría cualquiera de estas “fuerzas” que se le oponen, pero bueno, dejando de lado estas incredulidades, entonces si, estas serian fuerzas que se le oponen a Ulises.+

Luego de estos caminos transcurridas por el “héroe mítico”, este emprende su regreso a su pueblo. Ulises, luego de estar en Iruya, vuelve a su pueblo, a Buenos Aires y transmite lo vivido. Este film, es justamente una de esas maneras de transmitirlo, una manera masiva se podría decir. Es la parte final de ese regreso del “héroe”, la enseñanza de lo aprendido en el viaje, de la cultura vista, de sus costumbres y de las fuerzas con las que se tuvo que luchar.

Toda la información que aporta este film ha sido recopilada no solo de los testimonios que recogió Ulises en su viaje a Iruya sino también de investigaciones previas, donde se lograron encontrar textos, fotografías e información de varios años atrás, años donde los medios mostraban como los azucareros crecían notablemente y no mostraban el otro lado de la historia, la explotación y la destrucción de la cultura Koya, y es esa historia la que justamente trata de reconstruir este film.

10 consejos utiles para ser un poco menos infeliz

http://unpocomenosinfeliz.blogspot.com/

¡Manos arriba!

Yo no te lo puedo creer. Todas a mí. Todas a mi me tienen que pasar. ¿Cuantas personas lo deben hacer por día? ¿30? ¿40? ¿Mas? ¿Y justo a mi me tienen que agarrar?

Todo es culpa de mi viejo, yo lo sabia, cada una de las desgracias que me pasan en la vida son todas culpa de el. Su nariz, su pelo, su panza y hasta seguro heredo su puto colesterol. “Mea tranquilo hijo, mea tranquilo que no pasa nada” No pasa nada, no pasa nada, ¿cuantas veces habré escuchado esa frase? “Mira, papá también lo hace, ¿no es divertido?” ¡¿Divertido?!. Divertido me decía el hijo de puta. Divertido seria que él esté acá en este momento, que esté acá sentado en este puto asiento en vez de estar hundiendo su culo en el sillón del comedor. Divertido seria el sea el que tenga que estar bajo esa luz blanca dentro de unos minutos con la cara llena de saliva de cobani. La puta madre, lo que me espera. ¿Como me metí en esto Dios? ¡Decime eh! Ahora bien, yo me pregunto, ¿desde cuando es ilegal? En serio, cuando fue el día en que dijeron “desde hoy esta prohibido sacar el pito al aire y mojar los árboles de la ciudad”. ¡Déjate de joder! Toda mi vida lo hice y nunca me dijeron nada. Y ahora de repente un día se acerca un policía y te dice que lo tenes que acompañar. Porque nunca lo avisaron che. Nunca vi que “Telenoche”de cuenta de esto, ni que “punto doc” hable de mear en la calle y sus consecuencias, ni nada. De la noche a la mañana es ilegal y punto. Te agarran del hombro y te llevan. Me llegan a meter preso y les juro que les meo todas las paredes de la comisaría, una por una. Y que me destrocen la jeta, que me importa. Que me pateen, pisen, que me la corten si quieren. No voy a dar el brazo a torcer hasta que saquen esa ley del orto. No por mí, sino por todos los niños de la ciudad. Todos los pequeños que día a día tienen que reprimir sus instintos y hacer sufrir sus vejigas. Todo esto solo por una injusta ley. Voy a cambiar esto Marquitos, voy a cambiar esto Juan, voy a crear un país mejor, donde ustedes puedan expresarse libremente sin miedo a que los lleven. Voy a hacer hasta lo imposible por ustedes. Se los prometo.

“Hay que verla"

No creo que vaya a estar entre las mejores películas que he visto, es mas, dudo mucho que se acerque siquiera, pero “Redacted” es para mí una película que hay que verla.

Creo que si me pongo a analizarla como película seguramente encuentre más de una falencia a mi gusto, entre ellas su manera de ser contada. El falso documental es un género que nunca llego a agradarme sinceramente, yo, no te lo llego a creer en ningún momento de la película. Aunque me pongas al comienzo una placa negra que dice que esta basado en hechos reales por lo menos a mi se me hace muy difícil creer totalmente en lo que estoy viendo. Dejando de lado esto, el film de De Palma (proyectada en el BAFICI), es un largometraje que uno debe ver. Películas sobre el conflicto en Irak hay decenas, y es “un tema de moda” hoy en día en el ambiente cinematográfico. Pero lo que plantea el film “Redacted” es una mirada distinta, una mirada centrada en el foco de una cámara en mano de un joven soldado. Muestra la convivencia de los soldados norteamericanos, soldados que pasan su juventud en una base lejos de su país, y soldados que al ser jóvenes, obviamente actúan como tales. Se emborrachan, ven revistas porno, etc. Una escena clave de la película, y que a mi parecer resume claramente el aspecto interesante de ella, es cuando un soldado estadounidense, al querer hacerle una broma a su general lo lanza contra un sillón tirado. El general, que segundos antes había retado a sus soldados por su falta de cordura, termina volado en pedazos. Los jóvenes, que habían estado riéndose de la broma de su compañero, ahora entran en shock, al ver como una simple broma, deja sin vida a uno de ellos.

Yace ahí la mirada interesante de la película, en el querer mostrar el conflicto desde una perspectiva poco habitual, desde los ojos de adolescentes que no cabe duda que no tendrían que estar allí.

tequiero,notequiero,notequiero.

Se que tendría que estar feliz. Se que tendría que estar contenta y orgullosa de ella. Se que tendría que sentir algo, no se muy bien que, pero no esto.

No creo que sea envidia, y si lo es, dudo realmente que sea sana. Desear que a tu amiga la atraviese un tren no puede ser envidia sana. Y la verdad es eso lo siento. En serio. Quiero que en el momento en que se esté sacando una foto con la torre de Piza, esta se derrumbe, y se caiga encima de cada uno de sus huesos. Quiero que los que manejan esos botes en Venecia en una de esas le pegue con el remo en el medio de la cara. Quiero que se caiga al rió, que la pise una moto, que la escupa un tano, algo. ¡Algo que le pase por Dios! Y la quiero, la quiero tanto, tanto, tanto. La quiero ver muerta en este momento, pero porque es hoy, pero si hoy no fuera hoy, si fuera mañana, la querría como a mi hermana.

Dios, si me estás escuchando en este momento, perdóname por este pecado. Perdóname por mis malos pensamientos, por mis terribles deseos. Te juro que a la noche te hago un par de padres nuestros y un Ave María de changüí. Te juro que voy a cambiar mi actitud. Te juro que voy a reflexionar, a meditar día a día. Y te juro, te lo juro en lo mas profundo del alma, que si no llegás a hacer que le pase algo a esta atorranta, te juro dios que subo allá arriba y te cago tanto a trompadas que vas a tener que pedirle a San Pedro que te venga a salvar. Y a ese también lo voy a matar. A ese y a todos los angelitos que llames…cagón.

unas topper y un calzone

Miles de años pasan por debajo mío.

Miles de luchas, miles de lágrimas, miles de gritos.

Este mismo empedrado, este sobre el que hoy se apoyan mis topper negras, años y años atrás lo pisaba el gran Cesar, seguido por su innumerable batallón.

Se que debo levantar la vista y maravillarme con las solemnes construcciones, pero no, no puedo desviar la mirada. Todas esas historias que siempre me contaba mi abuelo, justo antes de quedarme dormida, esta acá, todas esas historias descansan bajo mis sucios pies. Se que no soy digna de estar aquí, se que estas zapatillas gastadas tendrían que estar en otro lugar, no se donde, pero no aquí.

Esa misma noche Camila dejo Roma atrás. No vio el coliseo, no entró al vaticano ni probo el helado ni la pizza italiana.

Hoy la chica de Almagro se encuentra en Corrientes y Medrano, pisando firme con sus topper negras, sabiendo que ese piso, esa baldosa rajada, es realmente su lugar en el mundo.

Azul Pared


Nunca quiso ser astronauta, ni un presidente, menos aun un doctor. Su madre quería que sea piloto, su padre, un importante contador. No es que decía que cuando sea grande quería ser escritor, pero él sabia que su camino iría por ahí, si no era esa calle era la paralela. De pequeño escribía poco y nada obviamente, con un family y una tele al lado ninguna batalla alguna podía dar un lápiz y una hoja. A los pocos años de edad ese niño tomo coraje, destapo su marcador favorito y empezó a correr por toda su casa. El fibrón azul dejó su marca en cada pasillo. No se si le encuentra algún sentido hoy en día, pero en su momento seguramente lo tenía, o eso espera. Digo eso espera porque ese niño que un día agarro un marcador y se puso a correr por su casa, fue ese mismo niño que se fue corriendo a su cuarto, a la espera de sus padres. Llegando la noche, padre y madre llegaron de sus trabajos, y al ver la obra de arte en su nuevo empapelado, fueron buscar explicaciones al cuarto de su hijo. Obviamente la puerta estaba cerrada con llave, y sin explicación alguna se fueron a su habitación. Unos años mas tarde esa puerta se abrió, y el niño por fin salio a su pasillo. Y fue allí, donde ese niño, ya ahora con sus primeros pelos en la cara, se dio cuenta de algo, tenia que buscar otra manera de expresarse que no sea en el nuevo empapelado de su madre. Fue desde ese día que agarro el marcador y no paro hasta el día de hoy. Escribió y escribió, pero ya ahora siempre sobre un papel, y nunca más sobre una pared.

El titulo es lo de menos...

La historia comienza obviamente con un joven, que vive su vida feliz, lleno de paz y armonía junto a su familia y amigos. De pronto, mientras corría descalzo por los matorrales tomando su tradicional jugo de arándano, un hombre se acerca y le encarga una difícil misión. Sorprendido y asustado, el joven se rehúsa a cumplir el encomendado, pero esa no es una respuesta posible y decide aceptar la misión y salvar al mundo.

Por supuesto que no emprenderá este viaje solo, siempre tendrá a su lado a su fiel amigo, mas cobarde que el mismo joven, pero con la valentía para salvar la vida de su amigo llegando mas o menos a la mitad del libro. No hay que olvidar que durante la historia aparecerá un viejo sabio, que lo guiara y actuara como consejero de este joven inexperto con el correr de las páginas.

Pasando la mitad del libro el joven es tentado por el mal, pero el se resiste y lo combate, venciendo al lado oscuro y salvando a toda la humanidad. Entonces vuelve a su casa y final feliz.

Todas las historias son iguales. Píenselo, por un momento recuerde las últimas aventuras que ha escuchado hablar y verá como todas tienen exactamente la misma estructura. Un día me cansé y cerré “El Señor de los Anillos” en la página 200.

¡Basta de irrealidades!, basta de fotocopias de David que vencen a Goliat con una piedra, basta de todo eso tan igual.

Bendito sea Groucho, benditos sean sus hermanos. Bendito sea “el Negro” Fontanarrosa y sus historias tan comunes. Y alabado sea el señor Woody Allen, que nos miras desde un departamento en la ciudad de Manhatthan.

Protege a las historias inspiradas en no más que en la simple realidad, sus historias tan comunes y sus problemas tan complejos.

Que vuelvan las lecturas sobre la vida misma y a dejar las aventuras para los domingos a la noche por I-sat.

Amén.